Se trata de un asunto bastante controvertido porque existe el convencimiento de que las pólizas están llenas de “letra pequeña” que nos perjudican en todo momento.
Muchos clientes afirman que siempre hay un motivo para que la compañía no se haga cargo de un siniestro. En realidad, debemos entender que un seguro es un contrato entre dos partes. Aunque hay mucha similitud entre los seguros de las distintas compañías, existen también muchas diferencias.
Por lo tanto, debemos intentar entender que en realidad, lo que hay es una serie de exclusiones que se detallan en la póliza, y que si no las conozco es porque yo, como tomador, no las he leído. Estamos en nuestro derecho de solicitar a nuestro mediador que nos ayude a leer la póliza, a resolver las dudas que tengamos y a señalar aquellos aspectos más importantes.
Recordemos que la Ley de Contrato de Seguro establece que es el tomador el responsable de que las coberturas contratadas sean las que se necesitan, y que los datos de las personas y descripción del riesgo sean correctos.
Por otro lado, como posicionamiento responsable, debo revisar que todo esté redactado en los términos exactos y que conozco los detalles (coberturas y exclusiones). Si entendemos este matiz, por un lado estamos creando el clima de confianza necesario para una correcta relación con mi mediador y aseguradora, y por otro nos estamos garantizando de que la póliza contratada es el producto que necesitamos, evitándonos así las sorpresas. Eso no quiere decir que tengamos que contratarlo todo; a veces el precio que deberíamos pagar es inasumible, pero al menos ya sabemos qué riesgos corremos y los podremos aminorar.
Finalmente, en caso de siniestro nos evitaremos falsas expectativas, ya que sabremos de antemano que en este caso no cabe esperar cobertura.
