Siempre debemos estar pendientes de que un seguro no se quede desactualizado, de cancelarlo si no lo necesito, o de contratar otros nuevos si es necesario.
Todo seguro lleva aparejado un complejo cálculo de probabilidades. Mediante técnicas actuariales, se maneja una gran cantidad de información y datos sobre demografía, siniestralidad, códigos postales, descripciones, precio medio de siniestro y un larguísimo etcétera. El objetivo es diseñar un producto al cual ponerle un precio. Este precio debe ser atractivo para el mercado, al tiempo que permita generar beneficios para la compañía.
La ecuación en este caso es muy sencilla: Ingresos – Gastos = Beneficio
- Ingresos: primas de seguro cobradas
- Gastos: siniestros pagados + coste estructural de la compañía (sueldos, inmuebles, etc.)
En la medida en que los ingresos sean mayores que los gastos, como en todo negocio, la compañía dará beneficios. En este caso,, la masa de seguros cobrados genera un capital con el cual se paga todo. Es decir, un seguro, por sí mismo, no genera el capital necesario para pagar sus propios siniestros, ni los costes asociados. Todo esto se paga con el excedente que generan todos los seguros que no han tenido siniestros; pensemos que no tenemos siniestros en todos nuestros riesgos asegurados todos los años.
Podemos imaginar, que para ponerle precio a cada tipo de seguro y que todas las partes se vean beneficiadas (el cliente con un buen servicio a un buen precio y la compañía obteniendo beneficio económico), los datos que se manejan deben ser lo más precisos posible.
Ejemplo de seguro de vida
Para calcular el precio de un seguro de vida, se tienen en cuenta datos relacionados con aspectos demográficos (longevidad, año de nacimiento, cohorte, etc. ); datos del asegurado (estado de salud, edad, profesión, etc.); otros datos como lugar de nacimiento, lugar de residencia, etc.
Con toda esta información se extrae una conclusión que podríamos enunciar así: Un persona con esta edad y hábitos, que vive en esta localidad, etc. y para el capital contratado, debe valer X€. Por este motivo la descripción del riesgo es tan importante.
Pensemos en qué ocurre si ponemos un código postal erróneo o una fecha de nacimiento diferente. En el primer caso, en un seguro de vida dentro de un país y comunidad, puede parecer que no hay por qué pensar en que haya grandes diferencias, pero la realidad es que no es lo mismo vivir en una zona tranquila de una gran ciudad, acomodada, con todos los servicios cerca, que en un entorno minero, con condiciones difíciles y lejos de los servicios sanitarios y médicos de urgencias. Quizás la esperanza de vida sea muy parecida, pero la calidad de vida, el tipo de enfermedades padecidas, los pronósticos, etc., seguro que difieren.
Otro ejemplo: en el caso de un seguro de hogar, un código postal u otro puede significar vivir en el centro de una gran capital, donde los robos sean inexistentes, o en una zona marginal. Respecto a la edad del asegurado, en un seguro de vida es básico. Una fecha errónea puede poner a este en un segmento diferente, lo que puede provocar un encarecimiento o abaratamiento injustificado.
